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Cualquiera de las mujeres que ilustran esta nota, son hoy en día modelo de mujer. Algunas por su popularidad, otras por su
simpatía, por su protagonismo televisivo o su brillo en las pasarelas. Todas estas mujeres tienen un elemento en común: la belleza.
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Su figura escultural es utilizada para vender, atraer, divertir y desatan debates a la hora de analizar si merecen o no
desarrollar el puesto que ocupan cuando su pasado o presente es de modelo. En esta situación, están comprendidas Teté Coustarot, Araceli González, Débora del Corral, Valeria Mazza, Andrea Frigerio,
María Inés Rivero, y Dolores Barreiro, entre tantas bellezas que protagonizan la pantalla chica, los eventos más destacados o han desarrollado una importante actividad empresaria. Estas mujeres
-jóvenes en su gran mayoría- son primera plana de las revistas, venden productos caros y su imagen casi siempre va asociada al éxito. Con su insinuante presencia, hacen que miles de hombres adquieran
autos o contraten servicios. Hacen también, que millones de mujeres en todo el mundo, gasten fortunas en maquillajes, perfumes sofisticados y tiren por el balcón sus prendas, tentadas por adquirir el
último traje que mostró en la pasarela de Giordano una jovencita rubia de la cual cualquiera se atrevería a cuestionar su equilibrada alimentación.
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Estas jovencitas, modelo de mujer, han borrado de la escena local a las mujeres de 40. Impulsadas a competir con las
adolescentes, hoy en día cuesta encontrar una mujer con estilo y cuerpo de 40 o 50 años. Horas de gimnasia intensa, dietas y cirugías de por medio, hacen el milagro de la juventud eterna. Paradojas que
tienen los avances científicos, Susana Giménez, Moria Casán, o Graciela Alfano, lucen más jóvenes hoy, que 15 años atrás. El gran interrogante es: ¿dónde iremos a parar con tanta dieta y
cirugía? ¿No terminará siendo la mujer el paradigma del descontento? Y la sociedad: ¿no se encuentra dividida entre flacos y gordos, jóvenes y viejos? Hasta hace poco tiempo, el anciano, la gente mayor,
eran sinónimo de sabiduría... y la grasita era símbolo de salud... Atrás quedaron esas creencias. Hoy se imponen las ¨Lolitas¨.
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Un siglo termina. Asumimos con descontento y preocupación que el mal del siglo es el SIDA. Habría que agregar otras
enfermedades como la anorexia, la bulimia y la depresión, que contrario a lo que vemos en las revistas, exteriorizan una gran tristeza en quien las padece y se enfrentan al ¨está todo bien¨. Será
cuestión -tal vez- de construir nuestros propios modelos con parámetros que vayan más allá de la belleza exterior ya que como decía El Principito, ¨lo esencial es invisible a los ojos¨.
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